El lupus tiene muchas caras sin unas señales claras

El lupus tiene muchas caras sin unas señales claras

¿Has oído alguna vez hablar de una enfermedad llamada lupus? Puede que solamente te suene por ser un tema recurrente en series de televisión como la protagonizada por el doctor House. Tal vez el primer paso para acercarnos al lupus, sea saber qué repercusiones hay tras esta palabra tan poco conocida.

Como curiosidad, el nombre de lupus (lobo en latín) viene porque alrededor del 65% de los pacientes con esta enfermedad de origen desconocido, desarrollan unas lesiones enrojecidas en las mejillas y en la nariz parecidas a la mordedura de un lobo.

Una enfermedad autoinmune de difícil diagnóstico

Todos los seres humanos tenemos un sistema que nos defiende diariamente de ataques ajenos (virus, bacterias, agentes patológicos…). Pero imagina que ese mecanismo, llamado sistema inmunitario, identifique a tu propio cuerpo como enemigo y comience a autodestruirlo. El lupus pertenece a este tipo de enfermedades, denominadas autoinmunes, y afecta a 5 millones de personas a nivel mundial, más de 75.000 personas en España, de las cuales alrededor de 19.000 sufren lupus eritematoso sistémico (LES), el tipo más frecuente y más grave en nuestro país. El lupus generalmente aparece en personas entre los 20 y 40 años, y es 10 veces más común en mujeres que en hombres.

Esta dolencia (LES) es también, como su nombre indica, una alteración sistémica. Esto quiere decir que puede afectar a muchos órganos: piel, articulaciones, riñones, corazón, pulmones…pero la mitad de los pacientes con lupus tienen afectación casi exclusiva de la piel y las articulaciones.

Resulta inevitable frente a cualquier diagnóstico que surja temerosas e incómodas dudas; ¿Qué es? ¿Dónde lo tengo? ¿Cómo se cura? el lupus entraña dificultades desde el principio, ya que es frecuente necesitar varias visitas médicas para conseguir un diagnóstico acertado. Tras este diagnóstico, comienza un largo proceso y es un error asociar “tienes lupus” con una posible, breve y precisa solución.

Aun así, el diagnóstico se basa en los síntomas que cuenta el paciente, la exploración física y la analítica. En los análisis de sangre es frecuente que el número de leucocitos, linfocitos y plaquetas esté más bajo de lo normal.

En cuanto a los factores de riesgo, el único identificable es la herencia genética. El hecho de tener un familiar con lupus puede aumentar el riesgo de padecerlo, pero eso es relativo. No necesariamente una madre con la enfermedad se la traspasará a sus hijos

No hay dos casos de lupus exactamente iguales. Los signos y síntomas pueden ser repentinos o aparecer lentamente, pueden ser leves o intensos, y desarrollarse de manera temporal o permanente. La mayoría de las personas con lupus tiene una enfermedad leve que se caracteriza por tener episodios denominados “brotes” en los que los signos y síntomas empeoran durante un tiempo, después mejoran o incluso desaparecen por completo durante una época.

Hábitos saludables y tratamiento controlado

El tratamiento de esta enfermedad consiste en administrar al paciente inmunosupresores. Estos fármacos, que bajan las defensas naturales del organismo, buscan modular el sistema inmunológico para que deje de percibir lo propio como una amenaza y no siga atacándose como si se estuviera defendiéndose de un agente externo. Dependiendo de las manifestaciones clínicas de la enfermedad y de cómo responda el afectado, se define la intensidad del tratamiento, que por lo general es de por vida.

Aparte de la medicación, un enfermo de lupus tiene que llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio físico, eliminar los hábitos tóxicos como el alcohol y el tabaco, y protegerse de los rayos ultravioleta del sol. La protección solar es fundamental en todos los pacientes, tengan o no manifestaciones dermatológicas. Con ella, se previenen las lesiones cutáneas pero también la aparición de brotes en otras zonas, articulares (artritis), o serositis (inflamación de la membrana que envuelve los órganos).

El lupus plantea enormes retos no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional. Padecer lupus implica aprender a convivir con una montaña rusa de emociones, un día puedes sentirte bien y al otro sentirte tan cansado que casi no puedes salir de la cama. En Gerosol, observamos que estos cambios físicos pueden provocar ansiedad, depresión o incluso afectar a la autoestima. Por ello, es importante dejarse ayudar y compartir los sentimientos con la familia, amigos, pareja o profesionales.

Por todo esto, comprender el lupus es ir más allá de las definiciones, los tipos, los tratamientos o las causas. Recuerda, no hay enfermedades, hay personas enfermas. La vida tiene diferentes capítulos, y un mal capítulo no significa el final de la historia.

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