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Mi experiencia con la accesibilidad. Abriendo Puertas

Hola, soy Elena, tengo parálisis cerebral y voy en silla de ruedas. Como cualquier persona con movilidad reducida, para ser lo más autónoma posible necesito disponer de una accesibilidad completa, y no parcial como hasta ahora.

Por definición la accesibilidad universal recoge la idea de que todos los lugares y entornos deben permitir el acceso, la comprensión o el disfrute del mismo de forma cómoda y segura para todas las personas por igual.

Pero… ¿Qué pasa cuando esto no es real? Es decir, cuando me encuentro barreras para poder realizar la actividad que deseo. Pues aquí entra en juego el concepto de cadena de accesibilidad.

 

Comparto la siguiente situación…

Imaginemos que ha llegado el fin de semana y quiero ir a ver una obra de teatro. Primero, consulto en la página web la programación, ¿la web es accesible? o llamo para preguntar dicha información, ¿me entiende la      operadora? Se rompería el primer eslabón.  En este caso, la página web sí tiene la accesibilidad que necesito, cuenta con temporizador ilimitado para realizar las operaciones al ritmo que requiero. ¡Genial! ¡Puedo comprar las entradas!

No dispongo de coche adaptado porque se ha estropeado, por lo que decido desplazarme en un autobús urbano.  ¿Qué pasaría si este autobús no fuera accesible, encontrándome barreras arquitectónicas para llegar a la parada? Pues que nuevamente se rompería un eslabón.

 

Para llegar a la parada tengo que ir por la calzada porque ni el pavimento ni la anchura de las aceras me permiten transitar con mi silla de ruedas ¡Qué peligro!, ¡tengo mucho miedo! ¡Espero que no me pillen! ¿Se ha roto la cadena? Claramente sí. Menos mal que el autobús urbano es accesible gracias a su rampa y me deja en la misma puerta del teatro ¡Estupendo!

Al llegar al teatro me encuentro con una escalinata imposible de subir con mi silla de ruedas ¿Qué hago? No puedo entrar…otra vez se rompe la cadena. Sin embargo, mirando a un lado, veo una señalización, que indica: “Itinerario accesible de entrada” es fácil de leer, además contiene pictogramas y está en Braille. ¡Ahora sí que puedo acceder al edificio!

Cómo queda tiempo para que empiece la obra, decido ir a la cafetería del teatro que está en la segunda planta, pero… ¿hay ascensor?  Me dicen que hay uno al lado del almacén, ¿es un sitio apropiado para un ascensor? Pienso que no, ya que debe estar correctamente señalizado y cerca de la entrada principal. Al final llego a la cafetería y es completamente accesible ¡Qué bien!  Sin embargo, el camarero le pregunta a mi acompañante qué voy a tomar, sin dirigirse directamente a mí.  Esta situación también es una barrera social que me encuentro con demasiada frecuencia, y que me indigna.

Antes de entrar a la obra de teatro, necesito ir al baño … ¿Habrá baño adaptado? ¿Se romperá la cadena?  Pregunto… Nos informan que hay uno adaptado, pero es inútil poderse desplazarse por el interior de un baño espacioso, si mi acompañante no puede colocar la silla de ruedas correctamente porque el baño está lleno de objetos como si fuera un almacén en toda regla.

 

La cabeza me iba explotar de tanto esfuerzo. Uf, cuanto camino queda por recorrer, hasta conseguir la accesibilidad necesaria y real.

Por megafonía comentan que la obra de teatro va a ser accesible e inclusiva con una intérprete de Lengua de Signos.  En mi caso, no lo necesito, pero pienso: ¡Qué maravilla! Por fin, empieza la obra de teatro…seguro que lo pasaré genial.

Esta historia que os he relatado es el día a día de muchas personas con discapacidad, como yo. Salir a la calle es un reto por el que no tendríamos que pasar si se cumpliera correctamente la cadena de accesibilidad.

Opino, que la accesibilidad es un derecho fundamental que nos debería permitir a todos participar activamente en la comunidad y sentirnos valorados por quienes somos, más allá de nuestras condiciones físicas.