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Mi segunda historia de Navidad

Recetas de cocina que despiertan sentidos y recuerdos

Muchas tradiciones familiares están relacionadas con la Navidad, que es, sin duda, la gran fiesta de la convivencia entre generaciones. Gastronomía, ritos relacionados con lo religioso o con lo festivo, decoración de la casa, música, viajes y hasta formas concretas de vestir “vuelven a casa por Navidad”. Todas las esperamos y, sin darnos cuenta, las familias nos preparamos para una de las tradiciones más queridas: la cena de Nochebuena. Mi segunda historia de Navidad trata sobre cómo disfruto haciendo compañía en la cocina mientras se preparan los menús navideños, que luego compartimos toda la familia junta.

Si de algo estoy segura es de que disfrutaré de un delicioso banquete, volviendo a degustar los típicos platos navideños y también las especialidades de mi familia. En mi casa, la planificación de un menú navideño es el primer paso importante en nuestro viaje culinario. Se tienen en cuenta las preferencias de los comensales, las tradiciones familiares y, por supuesto, las habilidades culinarias de cada miembro de la familia.

Recuerdo que un año decidimos preparar un lomo de cerdo glaseado con miel y mostaza, una de las recetas de Navidad preferidas, que llevó la celebración navideña al siguiente nivel. Ese suculento lomo, sazonado con una mezcla equilibrada de miel y mostaza Dijon, se asaba hasta alcanzar una jugosidad y un glaseado caramelizado irresistible. Cada corte revelaba una textura tierna y un sabor que combina lo dulce y lo picante de manera magistral. Este plato se presentaba decorado con ramitas de romero, añadiendo un toque aromático y visualmente atractivo. ¡Qué rico!

Hoy en día en nuestra mesa los manjares estrellas durante la inauguración de estas fiestas son unos exquisitos entremeses a base de chacinas, una reconfortante sopa de marisco, un sabroso pescado al horno y un excelente flan. Un menú elaborado con gran cariño.

Siento que al igual que la pintura es el arte que deleita la vista y la música lo es para el oído, la gastronomía es sin duda el arte más completo, ya que participan de ella casi todos los sentidos: no sólo deleita el paladar, sino que tiene aromas que embelesan al olfato y detalles estéticos que alegran a la vista. Es también el arte de lo exquisito que aúna mimo y maestría. La comida no es solo para nutrir el cuerpo. Es un acto de generosidad y una forma de expresar nuestra humanidad compartida. Cada plato cuenta una historia, cada cocina es un refugio, y cada comida es una celebración de nuestras conexiones.

Para mi existe la vitamina F, de familia, y es muy necesario tomarla para el crecimiento interior. Se sintetiza al dialogar con todos los miembros de la casa, al revivir y compartir los recuerdos familiares, al poner juntos el belén, comprar otro molino y dos pastores, adornar el árbol con mucho brilli-brilli, cantar con el soniquete de la lotería, ver la película de todos los años, hacer repostería casera y que se chamusque como siempre. También al ayudar a poner una mesa preciosa, comer el pavo trufado de la abuela, comprar un regalo y esconderlo, inflarse a polvorones, reír con las inocentadas, atragantarse con las uvas, emocionarse en la cabalgata y desayunar roscón. En definitiva, al revivir un año más lo que cada uno de nosotros tengamos como rito y costumbre.

Seguro que todos conocemos el villancico que dice:

La Nochebuena se viene,

la Nochebuena se va,

y nosotros nos iremos

y no volveremos más…

Pues eso…

Vitamina F de familia y suplemento R de recuerdos, durante el resto del año. ¡En Gerosol te deseamos una feliz Navidad!