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La obesidad en personas mayores: entender para cuidar mejor

Una realidad que va más allá del peso

Con el paso de los años, el cuerpo cambia de forma natural. El metabolismo se vuelve más lento y la masa muscular disminuye, lo que hace que el gasto energético diario sea menor. Esto significa que, aunque la alimentación no cambie demasiado, es más fácil ganar peso.

También influyen otros factores habituales en esta etapa: menor nivel de actividad física, dificultades de movilidad o el uso de ciertos medicamentos que pueden favorecer el aumento de peso. Todo ello forma parte de un contexto que conviene entender antes de plantear cambios.

Diferencia entre sobrepeso y obesidad

El sobrepeso y la obesidad no son lo mismo, y conviene diferenciarlos bien para entender cuándo es necesario actuar con más atención.

El sobrepeso se refiere a un peso corporal por encima de lo recomendable, pero que no siempre afecta de forma clara a la autonomía o al día a día. En muchos casos, la persona mantiene su rutina habitual sin grandes limitaciones.

La obesidad, en cambio, implica una acumulación mayor de grasa corporal que sí puede dificultar actividades cotidianas y favorecer la aparición de otros problemas de salud. No se trata solo de pesar más, sino de cómo ese peso influye en la movilidad, la energía y la capacidad para desenvolverse con normalidad.

Cómo se refleja en la vida diaria

En personas mayores, esta diferencia puede observarse en situaciones concretas como:

  • Necesitar impulso para levantarse de una silla.
  • Caminar distancias cortas con sensación de cansancio.
  • Evitar agacharse o hacerlo con dificultad.
  • Subir escaleras con mayor esfuerzo del habitual.

Por eso, no basta con fijarse en el número de la báscula; es importante valorar cómo se encuentra la persona en su día a día.

Pequeños hábitos que se acumulan

El aumento de peso suele estar relacionado con costumbres mantenidas en el tiempo, muchas veces sin que se perciban como un problema.

Ejemplos habituales

  • Desayunar a diario café con leche acompañado de varias galletas, que aportan energía, pero no generan mucha saciedad.
  • Resolver la cena con opciones muy limitadas, como un yogur o un vaso de leche, sin incluir otros alimentos necesarios.
  • Consumir con frecuencia productos precocinados, como croquetas congeladas o pizzas listas para hornear.
  • Pasar varias horas seguidas sentado, por ejemplo, viendo la televisión sin levantarse.

Estos hábitos, repetidos cada día, pueden favorecer el aumento de peso de forma progresiva.

Señales a tener en cuenta

Además de lo que se observa en el día a día, conviene prestar atención a cómo evoluciona la rutina general de la persona. Por ejemplo, cuando se reducen progresivamente las salidas al exterior, se simplifican demasiado las comidas o se tiende a elegir siempre las opciones más cómodas, es posible que se esté produciendo un cambio que influya en el peso. Estos ajustes en el estilo de vida no siempre se perciben al principio, pero con el tiempo pueden marcar una diferencia.

Cambios fáciles y concretos

No es necesario hacer grandes modificaciones. Los cambios pequeños y mantenidos suelen ser más efectivos.

Propuestas prácticas

  • Sustituir las galletas del desayuno por una tostada con tomate y aceite de oliva, añadiendo jamón o queso si se desea.
  • Incluir una pieza de fruta después de la comida principal.
  • Preparar cenas simples como un puré de verduras acompañado de una tortilla o algo de pescado.
  • Beber un vaso de agua al levantarse para empezar el día con una buena hidratación.
  • Salir a caminar entre 10 y 15 minutos después de comer.

Son ajustes sencillos que pueden integrarse con facilidad en la rutina.

El entorno también influye

El entorno en casa puede facilitar o dificultar ciertas elecciones.

Cómo organizarlo mejor

  • Colocar fruta visible y lista para consumir.
  • Tener preparaciones básicas en la nevera, como verduras cocidas o legumbres.
  • Reservar los productos menos recomendables para ocasiones puntuales y evitar que estén siempre a la vista.

Hacer accesibles las opciones más adecuadas ayuda a mantener mejores hábitos con mayor facilidad.

El papel de la familia

El apoyo cercano puede facilitar mucho estos cambios, siempre desde el respeto.

Formas de acompañar

  • Proponer paseos cortos en compañía.
  • Organizar la compra con alimentos frescos y variados.
  • Dejar un menú semanal sencillo en un lugar visible.

El objetivo no es controlar, sino acompañar y facilitar.

Mantenerse en movimiento

No es necesario practicar ejercicio estructurado para obtener beneficios. Lo importante es evitar largos periodos de inactividad.

Actividades cotidianas útiles

  • Levantarse cada cierto tiempo y caminar unos minutos.
  • Realizar tareas domésticas como ordenar, cocinar o tender la ropa.
  • Mantener pequeñas rutinas activas dentro de casa.

El movimiento diario, aunque sea suave, contribuye al bienestar general.

Gerosol: acompañamiento cercano en el día a día

En Gerosol trabajamos con propuestas adaptadas a cada persona, teniendo en cuenta su situación y sus hábitos. Ayudamos a organizar comidas sencillas, equilibradas y a incorporar más movimiento en el día a día de forma realista.

Avanzar poco a poco

Mejorar no significa hacerlo todo de golpe. Empezar con pequeños cambios y mantenerlos en el tiempo es una forma eficaz de cuidar la salud y la autonomía.

Con constancia y apoyo, es posible sentirse mejor en el día a día. 💙

Bibliografía del artículo:

  • Universidad de Navarra: Investigaciones sobre el impacto de la dieta mediterránea y el ejercicio en la fragilidad geriátrica.

Autor

  • Técnica en Gestión Administrativa y especializada en comunicación digital, soy una apasionada de las relaciones humanas y la expresión escrita. Con parálisis cerebral, fui la primera de mi promoción en titularme en la E.S.O. y acceder al mundo laboral. A través de mis textos, investigo, me expreso y promuevo un mensaje claro: la diversidad suma.