Ganador del concurso de relatos

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Ya tenemos Ganador del Concurso de Relatos. Desde Gerosol queremos daros las gracias a todos los que habéis participado, estamos realmente encantados con el seguimiento constante que nos estáis brindando, no sólo con este concurso si no a través de todas nuestras Redes Sociales y queríamos aprovechar esta ocasión para agradecéroslo. ¡GRACIAS!

paisaje

Enhorabuena al ganador, ahí lo tenéis:

Silencio. Respiro

Silencio. Respiro. Y terminaron amándose en una constante e inquietante calentura. Sollozando de rabia, de olvido. Prostitución sumergida. Sentía ya su amor como agujas de hielo. Y se hicieron mayores. Eran malos amores percutidos. Recordaban aún el alucinante calor del pasado y la ilusión intacta. Lo hacían después de poseerse. Ella era una perfecta cuerda de violoncelo, boca abajo, con la mirada ensanchada y la pasión intacta. Risas, retozos, descubrieron el sexo después del sexo. Los cuchicheos y la pena. El sexo también a veces les conducía hacia el inmenso vacío de no tenerse….el era harina apremiante de voracidad, de tierra regalada, de Mar proclive, de velero y pólvora. Sus ojos aún guardaban el impacto del primer día. Abordaje pleno. Descubrimiento exacto de una perfecta geometría. Era el paroxismo del amor. Era también resaca de un mundo acabado, de este o de otro mundo. Que se yo. Era un mundo definido y decorado de nostalgia.

Volvieron a amarse entonces en el sosiego de la misma manera que antes lo habían hecho en el escándalo.

Y sólo siento ya sus uñas malvas, un calor intenso, y la incansable nostalgia de su sexo. Tu pelo en bucles, tu pelo en liso, de guerras al fin exhausto, de mundos privados. Las letras como el alambre, dibujaban en la pared el imborrable recuerdo de tu sexo. Volvió el mal, en su forma más descarnada, atroz, fulgurante y ciclón. Sangre. Cenizas. Huele a destino. A rencor y a odio. Ya no le hacía el amor. Dureza cruel y deseada. Dominio pleno y absoluto. No existieron ya más las caricias, nunca más los besos, Nunca ya nada existió. Se disfrazó un día de cariño, para poseerla de nuevo, derrotarla, violencia al fin.

Hacían el amor bajo los toldos, en los negros acantilados del olvido. En el escueto tremedal del recuerdo. A pleno día, y casi siempre en la inconsciencia, en la inquietante e insoportable calamidad de los recuerdos. Pero hacían el amor, y se encontraban. Reemplazaban la soledad por sangre y pólvora. Sangre y pólvora. Luego, en unos segundos, sus ojos recuperaban el naufragio… se cerraban los toldos, cobertizos de cal, generosos al fin de recuerdos….cuando ella buscaba el olvido.

A veces prefería no escarbar en lo que pensaba. No tengo el valor de mirarte, de ver como han pasado los años… los olvidos, pero ya no puedo correr más…. Huele a sangre y a estiércol, a leña y a clavo. A pólvora. A columnas de cieno que me abrazan en un abrazo infinito. Me embadurnan y me llevan. Pasarela de incienso, de cenizas recientes. Me aferro al recuerdo. Me golpean. El clavo, la sangre, tu olvido.

Ahora ya solo veo el escaparate de vidrios de colores. No es real. Se dibuja. La impiedad se alza en personal desprecio hacia el recuerdo. Sin reproche. Sin aliento. Es el infinito poder del olvido. Me limpio los labios a fuego lento, y acaricio, con solemne consciencia tu fuego. Clavo y sangre. Se juntan y acarician en una ceremonia de inusitada comicidad. Sin gracia. Sin lagrimas que perdonen. Recoge ya todo, dobla las esquinas de los recuerdos. Vuelve al castaño, y espera. No queda nada para que llegue. Silencio. Se pudre. Marchito. Se muere.

Y se hicieron mayores. Hacían el amor bajo los toldos, el lo hacía ya desde la muerte, y ella lo hacía desde la vida.

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